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Cuento para trabajar las emociones con los peques

  • Foto del escritor: Psic. Karina Cruz García
    Psic. Karina Cruz García
  • 16 jun 2020
  • 4 Min. de lectura

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El siguiente cuento que les presentaré es creación de la Psicóloga Begoña Ibarrola, el cual tiene el objetivo de contribuir en la educación de las emociones de los más pequeños de la casa. Ya que permite expresar y reconocer situaciones en las que se pueda llegar a sentir alegría, tristeza y miedo a lo desconocido, por ejemplo, un cambio de vivienda o de escuela. Espero sea de tú agrado y le saques todo el provecho posible. ¡A tu hijo le encantará y le ayudará a aliviar sus preocupaciones!


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AVENTURA EN EL RÍO

Casi todos los veranos, Andrés iba al pueblo donde nacieron sus padres y allí se bañaba con sus amigos en el río y se lo pasaba muy bien. Una tarde en la que estaba un poco triste, al sentarse en una roca con la mirada fija en el agua, vio que algo brillaba en el fondo. Metió la mano para sacarlo y se llevó una gran sorpresa cuando al abrirla apareció un hada muy, muy pequeña, con alas relucientes y brillantes. –¡Hola!, no te asustes, soy el hada del río y me llamo Cantarina. –Yo me llamo Andrés –dijo él mientras la miraba asombrado–. ¿Qué hacías bajo el agua? –Soy la encargada de hacer que el río cante –dijo el hada–. ¿Y tú qué haces por aquí? –Vengo con mis padres a este pueblo en vacaciones, cuando se acaba la escuela. – ¿Y te lo pasas bien aquí? –Sí, estoy muy contento porque hago cosas que en la ciudad no puedo hacer. Allí me aburro mucho. –¿Y qué cosas son esas? –No tengo que ir a la escuela ni madrugar, me acuesto más tarde, me voy con mis amigos por ahí y juego a cosas muy divertidas. –Y aquí, en el pueblo, ¿siempre estás feliz y contento? –Bueno… siempre no. –Y en la ciudad donde vives, ¿siempre estás triste o aburrido? –Bueno… siempre no. –Así que te das cuenta de que estar contento o estar triste no depende del lugar donde te encuentres… ¿no? –concluyó el hada. –Pues sí, ahora me doy cuenta.


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Andrés sentía curiosidad y decidió hacerle unas preguntas. –¿Vives tú sola en el río? –No, somos muchas hadas y cada una se encarga de una cosa. Yo me encargo de que el río cante, otra es la responsable de que el agua esté limpia, otra cuida a los peces que viven en el río y otra mantiene bonitas las piedras del fondo. –¿Por qué no os he visto antes? Yo vengo mucho por el río… –No siempre nos dejamos ver, pero hoy he decidido hablar contigo para averiguar qué te pasa. Cuando miras al agua, tu cara me dice que algo no va bien. Andrés le contó al hada que no quería volver a la ciudad porque en septiembre entraría en un colegio nuevo y le daba un poco de miedo. –¿Sabes? Yo tampoco estoy siempre en este río. A veces me encargan que vaya a otro río para que sus aguas canten. Al principio me preocupo y me pregunto si sabré hacerlo bien, si el río estará contento conmigo, si me encontraré a gusto en ese lugar… pero luego me pongo a cantar y se me olvidan las preocupaciones. Ya sabes que estar triste o contento no depende de un lugar.


–Pero a mí me gustaría estar siempre alegre y hacer sólo las cosas que me gustan… –dijo Andrés. –Eso no es posible, Andrés. A veces estamos tristes; otras veces, contentos o enfadados, y a veces tenemos miedo. A veces hacemos cosas que nos gustan más y otras veces tenemos que hacer cosas que no nos gustan. –¿Y qué puedo hacer para estar contento en el nuevo colegio? –le preguntó Andrés. –Puedes hacer amigos y pasarlo bien a la vez que aprendes, pero ya sabes que unas cosas te gustarán más que otras, y unas tareas te resultarán más fáciles, y otras, más difíciles. Sin pensarlo dos veces, Andrés le preguntó al hada con cara sonriente: –¿Te gustaría venir conmigo a la ciudad? Yo te llevaría en mi mochila al colegio y, al escuchar tu voz, me animaría. ¿Qué te parece la idea?



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El hada estiró sus preciosas alas y abrió mucho sus diminutos ojos, poniéndose de puntillas sobre la palma de su mano, y contestó: –¡Me encantaría conocer la ciudad! Yo solo conozco los ríos, pero se lo preguntaré al hada Organizada, ella es la responsable de que se lleven a cabo todas las tareas, porque el río no debe dejar de cantar, ¿no crees? –Por supuesto, pero puedes pedirle que se lo encargue a otra hada, ¿verdad? El hada Organizada dio permiso al hada Cantarina para ir a la ciudad con Andrés y en su lugar puso a otra hada que estaba deseando cantar en el río. Andrés ahora va contento a su nuevo colegio. Nadie sabe que lleva un hada en su mochila, aunque a veces sus compañeros escuchan una suave música que no saben muy bien de dónde viene. Es el hada Cantarina, que, con sus canciones, recuerda a Andrés lo que le dijo aquel día en el río: que estar contento o estar triste no depende del lugar, y que no puede estar siempre contento y hacer sólo las cosas que le gustan.


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